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Sí, por eso hoy la sostenibilidad no implica ser buena persona, implica ser buen empresario. Sabemos que la actividad empresarial produce externalidades que no se reflejan en sus costos como la contaminación, ruido, congestión, desigualdad de género, residuos, gobernanza, entre otras y si comparamos la población de 1960 - 3,200 millones de personas con un PIB per cápita de 449 USD - con la población de 2015 - 7,200 millones y un PIB de 10,000 USD aprox., vemos que estas externalidades se han multiplicado más de 45 veces.


La desigualdad, palabra que encarna una de las problemáticas más grandes que vive la sociedad actual dista mucho de alejarse de nuestra realidad, mas bien, está creciendo con inusitada fuerza en todo el mundo. Las cifras resultan alarmantes y están muy lejos de lo que la mayoría de las personas pudiesen alcanzar a imaginar.

Para graficar un poco hace 1 década, en el año 2006 el 2% más rico del mundo poseía la mitad de la riqueza mundial[1] dejando al 98% con la otra mitad, ante esto no es necesario ser un estudioso a nivel económico para comprender a cabalidad que esa cifra no está bien y está lejos de ser justa, más aún, esta continua creciendo a una velocidad exponencial dando como resultado que en el año 2015 el 1% más rico del mundo acumula más riqueza que el 99% restante[2] al mismo tiempo que la riqueza en manos de la mitad más pobre de la humanidad se ha reducido en 1 billón de dólares a lo largo de los últimos 5 años[3].