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La desigualdad, un problema de todos.

La desigualdad, palabra que encarna una de las problemáticas más grandes que vive la sociedad actual dista mucho de alejarse de nuestra realidad, mas bien, está creciendo con inusitada fuerza en todo el mundo. Las cifras resultan alarmantes y están muy lejos de lo que la mayoría de las personas pudiesen alcanzar a imaginar.

Para graficar un poco hace 1 década, en el año 2006 el 2% más rico del mundo poseía la mitad de la riqueza mundial[1] dejando al 98% con la otra mitad, ante esto no es necesario ser un estudioso a nivel económico para comprender a cabalidad que esa cifra no está bien y está lejos de ser justa, más aún, esta continua creciendo a una velocidad exponencial dando como resultado que en el año 2015 el 1% más rico del mundo acumula más riqueza que el 99% restante[2] al mismo tiempo que la riqueza en manos de la mitad más pobre de la humanidad se ha reducido en 1 billón de dólares a lo largo de los últimos 5 años[3].

 Es claro que la desigualdad es un tema mucho más profundo que “los pobres” y que tiene implicancias que afectan el desarrollo de un país en su conjunto, dentro de las cuales encontramos una repercusión negativa en el crecimiento económico y un considerable aumento de las problemáticas sociales, basta con tomar atención a la realidad nacional que atravesamos actualmente.

Normalmente se piensa que la desigualdad afecta solamente a “esas personas pobres”, los que por algún motivo – el cual no discutiré en este texto – resultaron perjudicados en el juego económico y relegados a la base de la pirámide social, personas con escaso acceso a bienes y servicios e inclusive a derechos fundamentales, son la peor cara de nuestra sociedad y una que normalmente se esconde y camufla en los promedios. Es claro que la desigualdad es un tema mucho más profundo que “los pobres” y que tiene implicancias que afectan el desarrollo de un país en su conjunto, dentro de las cuales encontramos una repercusión negativa en el crecimiento económico y un considerable aumento de las problemáticas sociales, basta con tomar atención a la realidad nacional que atravesamos actualmente. Pero si bien estos temas son sumamente importantes existe uno al cual se le ha prestado poca atención y este resulta cuando la riqueza se apropia de las políticas gubernamentales “secuestrándolas” y empujándolas a que estas favorezcan a los más ricos, incluso cuando es a costa de los demás. De esto el resultado es claro y es que existe un desgaste en la capacidad de gobernar democráticamente y la destrucción de la movilidad y cohesión social. Resulta interesante citar a Louis Brandeis, quien fuera juez de la Corte Suprema de Estados Unidos entre 1916 y 1939, este decía; "podemos tener democracia, o podemos tener la riqueza concentrada en pocas manos, pero no podemos tener ambas".

“¡Populismo!” es una de las frases que se suelen escuchar cuando se habla de igualdad, y esto porque el análisis simplista que se realiza es que se desea “igualdad para todos”, algo que dista mucho de la verdadera lucha que se busca cuando se desean reducir considerablemente los niveles de desigualdad. Es claro que no puede existir “igualdad para todos”, somos una construcción social diversa que existe por ese mismo motivo, por la capacidad que tenemos de ser distintos, pero para no profundizar en este asunto que puede significar una extensión bastante importante es preciso dejar claro que lo que se  busca está lejos de ser la “igualdad para todos” o que “no existan los ricos”, sino que se espera reflexionar sobre la imposibilidad de tener una sociedad prospera y feliz si la mayoría de sus ciudadanos son pobres y miserables.

Y el problema no es propio de las sociedades o países “pobres” – económicamente hablando – o llamados “en vías de desarrollo”, como se pudiese pensar, sino que este afecta de manera transversal a todos. Los países del G20 no son inmunes a esta tendencia, durante el tiempo en que Australia ha ocupado la presidencia del G20 (entre diciembre de 2013 y noviembre de 2014), la riqueza total del conjunto de estos países ha aumentado en 17 billones de dólares. Sin embargo, tan sólo el 1% más rico de la población ha acaparado el 36% de este crecimiento: 6,2 billones de dólares. Durante el año 2015, los beneficios del crecimiento económico fueron a parar principalmente a ese 1% más rico. No obstante, los países del G20 concentran más de la mitad de la población mundial en situación de pobreza.

¿Cómo podemos luchar contra la desigualdad?, resulta paradójico pensar en la política pública como una solución debido a que como bien se explica anteriormente parte fundamental del problema se encuentra en ese ámbito, entonces ¿pueden los ciudadanos trabajar en pos de la solución a este problema?, ¿cómo hacerlo con un alto impacto y que no quede solo en buenas intenciones?. Creo que uno de los factores principales que conlleva el profundo desarrollo y crecimiento de la desigualdad es el objeto bajo el cual se funda el actual modelo económico capitalista, la “maximización del capital”, el cual ha permeado profundamente en el ADN de los ciudadanos, llevándolos a adoptarlo de manera natural y espontanea en el desarrollo de negocios y a su vez en múltiples actividades de su vida. Claramente no estoy en contra de que es correcto pensar en “maximizar el capital”, resulta prudente y lógico al momento de pensar en el desarrollo y crecimiento de la sociedad, el problema se suscita cuando es el único objetivo que se debe perseguir y claramente los grandes grupos económicos y multinacionales lo han seguido al pie de la letra, lamentablemente en muchas ocasiones este ha sido en desmedro de la sociedad y el medio ambiente, lo que empuja la desigualdad a través de un circulo vicioso.

Una evolucionada concepción en el objetivo primordial de un modelo económico que busca ser sostenible en el tiempo implicaría por su puesto la maximización del capital, es decir, del beneficio económico, pero también debe tener como objetivo central maximizar el beneficio social y ambiental. Este objeto primordial es el que debe comenzar a permear en el ADN de la ciudadanía, tanto en sus acciones cotidianas como en la forma de hacer negocios. Es importante señalar que resulta paradójico exigirle a los grandes grupos económicos y multinacionales que piensen en la sociedad y el medio ambiente si la propia ciudadanía no se preocupa de estos, ante lo que el cambio parte de la base, de las personas que al fin de cuenta son quienes conformamos la sociedad en su conjunto.

Pero claro está que existen millones de personas sensibilizadas con el tema, la sostenibilidad (que engloba los ámbitos económico, social y ambiental) es un tema en crecimiento, lamentablemente aun no a niveles exponenciales pero ya llego para quedarse, es así como también miles de empresas en el mundo entero han adoptado estos principios como ejes rectores para el desarrollo de sus negocios.

La desigualdad continúa creciendo – en este mismo momento – pero está claro que no solo por lógica, sino que por el bien de nuestro planeta, debemos hacerle frente desde nuestras acciones como ciudadanos, empresarios o emprendedores, con el fin de torcerle la mano y ganar esta batalla que es de todos.

 

 

 Citas
[1] La Distribución Mundial de la Riqueza de los Hogares, World Institute for Development Economics of the United Nations University, UNU-WIDER
[2] Credit Suisse (2015) “Global Wealth Databook 2015”. Total de la riqueza neta a un tipo de cambio constante (miles de millones de dólares americanos)
[3] Una economía al servicio del 1%, OXFAM 2016